Hijos perdidos

Al principio pensamos que era un error, la galaxia es muy grande, pero las posibilidades de vida inteligente son muy pocas, ni siquiera hay un protocolo para este tipo de situaciones, ¿Una señal de auxilio? ¿Quién la hizo? Si fuera de nosotros, se fuera comunicado de la manera habitual, pero era un mensaje tosco, aunque muy claro.

 

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Mi trabajo es casi robótico, no suceden muchas cosas en el vacío infinito del espacio, tal vez por eso me inquieté cuando Adam, el comandante de transmisiones, me envió el comunicado, sin embargo, me controlé inmediatamente, un capitán jamás debe mostrar inseguridad ante su tripulación.

A pesar de las quejas de Vladimir, el supervisor a bordo, decidí contestar la llamada de auxilio sin pedir permiso a mis superiores, si bien es cierto que nuestra política jerárquica es bastante estricta, el deber me llama, una emergencia puede ser muy apremiante y, como nave hospital, debo cumplir mi juramento.

Hicimos los preparativos y dimos el salto, en unos momentos nos encontrábamos en un sistema planetario de una sola estrella y ocho planetas, sin embargo, la señal de auxilio había desaparecido, en cambio, la reemplazaban señales diferentes, vagas, diversas y muy extrañas.

 

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Eran tantas, que Adam tuvo que silenciarlas, sin embargo, pudimos ver y oír cosas sorprendentes, eran seres físicamente idénticos a nosotros, pero con actitudes muy extrañas, además, no pudimos identificar si estaban en peligro o no, en algunas imágenes parecían estar en guerra, en otras de fiesta, ¿qué hacer?

No teníamos información de que hubiese una colonia allí, le pregunté a Vladimir, pero este esquivaba mis preguntas y solo repetía que debíamos irnos o de lo contrario haría que me expulsasen del mando. Sin embargo, allí permanecimos, no podía tomar una decisión aún, ¿qué tal si esa señal era de unos camaradas? No me lo perdonaría jamás, no hay peor forma de morir que abandonado en el espacio.

¿Vida inteligente? Se nos enseñó que nosotros somos la única vida en esta galaxia, que mucho tiempo atrás nuestros ancestros intentaron encontrar otros seres inteligentes, pero fallaron y, solo desperdiciaron recursos y tiempo.

Sin embargo, allí estaban esas señales, así que le dije a Adam que investigará un poco más, mientras hacía tiempo para tomar una decisión. Al parecer, todo provenía de un pequeño planeta en una zona habitable del sistema, le llamamos: la canica azul, debido a su peculiar color.

 

Un pálido punto azul, la tierra. Source.

 

Luego de unas horas, Adam me trajo un informe. El planeta era habitable, seguramente con vida, había agua en abundancia. Teníamos que acercarnos más para comprobar si existían evidencias de vida inteligente, ya que parte de la información obtenida por las señales no coincidía con lo que observábamos desde aquí.

Aún seguía dudando, hasta que vi “las estructuras”. Imponentes, hermosas, sublimes, de diferentes colores y formas, una inmensurable belleza visual. Fue en ese momento que primitivas emociones se apoderaron de mi voluntad; me imaginaba toda la gloria conseguida por ser el que descubrió toda una civilización en las entrañas del imperio. Mis superiores tal vez se sentirían humillados, pero de igual forma tendrían entregarme reconocimiento y fama.

Así que di la orden –no sin enfrentarme antes a Vladimir–, pasaríamos de ser una nave hospitalaria a ser una tripulación de exploradores. Pasamos por el planeta tormenta, el cual tenía tres lunas interesantes para investigar en un futuro, atravesamos un cinturón de esteroides, luego pasamos por la canica roja e inmediatamente llegamos a la azul.

 

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Este escrito iba a ser mi entrada a un concurso de escritura, pero no me dio tiempo de participar. Es la primera vez que escribo algo de este estilo –ficción–, por tanto, espero tus opiniones y críticas en los comentarios.